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.. lástima que no quepa en una estantería :-)

Análisis en detalle

Hace una semana me compré la librería de la derecha en Ikea. Nunca había estado en Ikea y me resultó muy agobiante… Además me dejé mi brújula de los laberintos en casa :-(

Yo siempre he tenido problemas con los objetos de mi cuarto. Aunque estoy muy lejos del síndrome de Diógenes (espero…) nunca he tenido suficiente espacio libre… ¡Hasta ahora!

Que bonito queda todo despejado y espacioso. Porque antes más de la mitad de los libros de la estantería de la derecha estaban colocados delante de los libros de la otra estantería.

De todas formas, aún tengo que recolocar muchas otras cosas que no se ven en la imagen, pero que si están en mi cuarto: cientos, o quizás miles de peliculas en VHS, todos lo apuntes (u hojas con extraños garabatos) que he acumulado en 3 años de universidad, griales, arcas de la alianza, bombas termonucleares, yo-yo’s con forma de galleta Oreo…

Dónde está Doraemon cuando lo necesitas!!!

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¡Ya me han llegado los libros que gané en el sorteo de Libertad Digital!

En realidad me llegaron ayer, pero como no había nadie en casa el mensajero ha tenido que volver hoy :-)

Aparte de los dos libros han inclúido una carta de agradecimiento con alguna que otra errata: [..] tenemos el placer de enviarle el ejemplar “EL PLACER DE LA TERTULIA” de Gabriel Albiac y “EL PLACER DE LA TERTULIA” de Agapito Maestre, resultado del sorteo que se realiza en nuestra tertulia económica.

Bueno, no era el placer de la tertulia, ni era en la tertulia económica, en la que por cierto si se sortea un libro, el de Ludwig von MIses, La acción humana.

Pero bueno, se perdonan estos errores ya que si han usado un editor de texto como Word (que de seguro es así) es de agradecer que hayan podido lidiar con su corrector ortográfico y no me haya llegado una carta escrita en arameo, :-)

¡Y las dedicatorias por supuesto!

Si, la letra es algo… jeroglífica.

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Dia seis de la semana Ellis (los otros dos días estuve dormido)

Un perfecto manual de exorcismo. La mejor forma de luchar contra los demonios y expulsarlos del cuerpo. Lástima que solo funciona con él. ¡Cuan egoíste eres Bret!

Metaliteratura en estado puro. El autor convertido en narrador y protagonista (múltiple debería decir). Con su prosa inteligente, Ellis ha sabido reirse de si mismo, congujando todos los tópicos que se le achacan (no sin falta de razón) y exagerándolos hasta oferecer una bella crítica satírica de si mismo con muchas dosis de humor. Tremendo el hecho de que él, en la novela, esté escribiendo un libro (trasunto de su perfecto American Psycho) llamado Conejito Adolescente (cuyos capítulos son: “La reina de la silicona”, “el retrete portátil”, “la cliterati”, “¿soy demasiado grande parati?”… y así sigue) sobre un playboy cuyos logros sexuales con las mujeres le reportan algo más que placer: rasguños en las rodillas por la alfombra, uñas que se clavan en la espalda hasta hacerla sangrar, calambres musculares intensos, testículos herniados, granitos testiculares, capilares rotos, moratones provocados por la succión excesiva, una fractura del pene…)

Pero este es su libro menos tópico. Leyéndolo me ha recordado a la mejor literatura de Stephen King (la única que he leído por cierto). Esos relatos que te enganchan y te sumergen en la historia, temiendo incluso que algo emerja de entre sus páginas y te devore la cara.

Ellis ha querido enmascarar en un relato de terror toda una infancia y adolescencia alienada. Porque en la novela Ellis representa a su padre, pero un padre que, aunque no ha aprendido de los errores que su progenitor cometió con él, es consciente de que no le está ofreciendo a su hijo las oportunidades que a él se le negaron, y de esa consciencia nace la frustración, el no poder conectar con su hijo, que también es él mismo, que huye del hogar, que se distancia de su padre.

También es una buena prueba de que Ellis puede hacer cosas distintas. Exorcizándose de sus anteriores libros (muy bien homenajeados) e imitando subrepticiamente algunos de los “molinos de oraciones” que la gente espera de él, nos hace una caricatura de ese escritor rebelde y misógino, que escribe gélidas frases sobre gente drogándose, alienados entorno a los propios lujos en los que están intrínsecamente acomodados.

Crítica una vez más a la sociedad. Con sus rituales políticamente correctos, mascaradas de la falsedad mas visceral que se complace con la copa de martini en la mano, mientras la realidad pase ante sus ojos y prefiere seguir la guía de “la aplicación rápida de la técnica de programación mental para que sus hijos sean unos perfectos zombies programados para cumplir todo lo que le digamos”.

Y el último capítulo. Bellísimamente escrito. Comenzando con una tristeza levemente perceptible entorno a la frustración de lo evidente. Que ya no estará, que quería a su padre, que las cosas podían haber cambiado, que a pesar de todo él lo siente, que aunque ha terminado no lo olvidará.

Yo también esperaría, con los brazos abiertos, en silencio, justo ahí, donde comienzan los sueños.

Al final de Lunar Park.

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Las leyes de la atracción, de Bret Easton Ellis

American Psycho, de Bret Easton Ellis
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Actualizado: Se me ha olvidado decir que están en preparación varias películas sobre la obra de Ellis. Las adaptaciones de “Los confidentes” y “Lunar Park” y un guión original del propio Ellis, “El rey rana.

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Día tres de la semana Ellis

Uno de los libros más perturbadores que he leído jamás. Vemos en American Psycho como Patrick Bateman (hermano de Sean Bateman, protagonista de algunos de los triángulos amorosos de Las leyes de la atracción), brillante ejecutivo (por su posición, que no por su esfuerzo), modelo masculino (por su perfecto y bien formado cuerpo, que no por su inteligencia), y amante ejemplar (por su numero de conquistas que no por su romanticismo) logra con total impunidad y siempre con una sonrisa en la cara, los mas atroces y horrendos crímenes (violaciones, canibalismo, decapitaciones, mutilaciones, sadomasoquismo y así una detrás de otrapasando por todas las parafilias y perversiones)

Hace no mucho, alguien me llamó la atención por tan “desagradables” lecturas (no por esta en concreto sino por un relato breve, que leí saltándome párrafos, y que otro alguien distinto me recomendó) Por supuesto los crímenes son horribles, ejemplo de un sadismo extremo, vomitivo, que revuelve las tripas con cada uno de los capítulos de “chicas”, donde se nombra aquello que no se debería nombrar.

Lo que me llamó la atención de este libro y lo que me enganchó en su lectura, fue la extraña y absorbente capacidad de mimetización que se producía con el personaje. Asombrado llegabas a ver como te transportaban las interminables retahilas de marcas de lujo, restaurantes de moda, comidas de diseño, bebidas alcohólicas, drogas; a un mundo extraño y distante, bello en su superficie pero perturbadoramente gélido en su interior. Y ese mundo es el nuestro, porque bien podía haber sido éste un relato de ciencia ficción donde una extraña y decadente civilización nos era mostrada a través de los ojos de uno de sus mejores y más mortíferos habitantes, pero no. El mundo donde Patrick mata es el nuestro, donde come, donde descuartiza, donde trabaja, donde hace deporte. Todo nos es extrañamente común, pero parece distinto. Algo ha cambiado.

Observamos como, tras la hipérbole de lo narrado, tras la exageración más certera y desagradable, se esconde una crítica feroz a un modo de vida decadente cuyo autor conoce bien. Ellis, tras del éxito de su primera novela, vivió del mismo modo que los personajes que retrata en su libro. Todos ellos, calcos idénticos del éxito profesional y del esnobimo más elitista, que disfrutan de la estética, y la anteponen a la ética.

Trailer de la película protagonizada por Christian Bale

Porque SPOILER aunque yo tengo mis dudas sobre si los crímenes que se narran sucedieron realmente FIN/SPOILER mucha de la culpa de todo esto es de la propia sociedad. Suena muy tópico decirlo, pero observamos como la total indiferencia ante todo lo que sucede alrededor de esos yuppies amorales, carentes de cualquier sentimiento de compasión, que desprecia a los pobres, que ningunea a las mujeres y las trata como mejores objetos, que priman el lujo, los trajes de marca, los tratamientos de belleza, las apariencias, lo vacío, la nada; que todo esto que sustenta sus vidas insustanciales es premiado y alabado e instado por todos ellos.

La personalidad de Patrick, carente de sentimientos, es la clave para funcionar en esta nuestra sociedad.

Hay un elemento, presente casi en todos los capítulos, que añade una nota de humor surrealista al relato. El pograma de Patty Winters, algo así como el Diario de Patricia yankee.

Patty Winters está en la pantalla del televisor preguntándole a un niño de ocho o nueve años:

- ¿Pero ese no es otro término para orgía?

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En estos tiempos no hay sitios para los inocentes.

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Algo que también me llamó la atención fue el hecho de que Patrick consume obsesivamente, y en cantidades ingentes, el agua de manantial Evian. Un agua proveniente de manantiales en los alpes y que según dicen tiene propiedades milagrosas.

Así que una mañana de diciembre, tras un acontecimiento etílico-estudiantil acaecido en las inmediaciones de mi universdad, decidí comprarme una de esas botellas Evian, en concreto el modelo básico diseñado por  Cristian Lacroix (del otro modelo sólo se hicieron 99 unidades subastadas por eBay a un precio inicial de mil euros)

Todavía no la he abierto. Quizás por miedo. Quizás porque en sus moléculas se encuentre un Bateman ansioso por salir.

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ESTO NO ES UNA SALIDA

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Dia uno (o dos) de la semana Ellis

Puede que el final sea inconcluso dado que en realidad nadie ha dicho nada, pero puede también que capte a la perfección lo que ellos querían decir y no podían, retazos de sentimientos frustrados y cohibidos por actitudes que no corresponde con lo que representan ellos, jóvenes y alienados, ahogados en drogas y alcohol con la incomunicación como estandarte de una sociedad que se fagocita a si misma. Si ellos son así, si cada uno vive su propia realidad sin preocuparse de la de los demás, si sus ojos llorosos y congestionados solo perciben lo que quieren ver, o lo que creen ver, porque ni siquiera ellos mismos entienden lo que les rodea, inseguros, llenos de miedo, asustados, basando su existencia en la distancia del contacto personal, porque aunque sienten y padecen, esos sentimientos se entierran o se apilan, se camuflan con otros, pero la montaña se desmorona y siempre aparecen de nuevo con más fuerza, derrumbándose así la fachada que los ocultaba, la falsa seguridad que demostraban y aflorando el total abandono al que se se ven sometidos.
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Continuación, o quizás precuela temporal de Menos que cero, su primer libro. Ellis escribió deprisa, conocía bien de lo que hablaba. Su último curso en Camdem. Correrias y juergas nocturnas de universitarios desinhibidos de sexualidad ambigua sumergidos en estupefacientes (enumerados con gran precisión).

Personajes que no recuerdan con quienes se han acostado, que están enamorados de indeseables negligentes sentimentales. ¿Es real todo esto? O quizás lo único que no lo sea es el hecho de que en una universidad nadie estudie ni vaya a clase y preste más atención si acudir con toga o disfrazado para la “Fiesta de Disfraces para Follar”.

Disfruto la tensión narrativa. Devorar un libro que no ofrece concesiones con un ritmo trepidante, escrito con esa urgencia producida por (o debido a) los veintitrés años de su autor. Pero no es su mejor libro. Un poco más que cero. Un puente para perfilar su estilo incisivo e indirecto. Vuelve a no importar lo que cuenta. De que habla, como lo hace, de quien lo hace y porque lo hace.

Como le pasaba a Philip K. Dick, ¿es este libro producto de las drogas?

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Como resumiría Menos que cero:

- Menos que cero, trata sobre un estudiante, Clay, que regresa a su casa en Los Angeles para pasar las vacaciones de invierno. Allí se reencuentra con sus viejos amigos, todos ellos hijos de magnates de Hollywood, adictos a las drogas, sin nada que perder, sin nada que ofrecer, rodeados de lujos, promiscuidad, películas snuff, violaciones, prostitución…

Quién es el autor de Menos que cero:

- Bret Easton Ellis, considerado uno de los máximo exponentes de la Generación X, consiguió con sólo 21 años que su primera novela Less than zero (1985), produjese un impacto similar al ocurrido en 1951 con la publicación de El guardián entre el centeno de J.D. Salinger, debido a su lenguaje soez y ofensivo y al comportamiento moralmente incorrecto de todos sus personajes. Años más tarde, consiguió superar con creces la repulsa e indignación de la puritana sociedad americana hacia su tercer libro, American Psycho, dónde se narran con todo lujo de detalles asesinatos, violaciones, descuartizamientos, canibalismo… Todo ello a manos de un yuppie ejecutivo, en teoría, el modelo a seguir por todos los jóvenes competitivos estadounidenses.

Que impresión me produjo Menos que cero:

Conforme avanzaba en su lectura fui comprendiendo una cosa: no iba a haber concesiones. Directamente al estómago, sin contemplaciones ni descansos, se abría ante mis ojos una crítica brutal a una generación vacía, a una sociedad monstruosa y despiadada, a una desestructuración tremenda de la familia, a la más completa y absoluta falta de compasión, de empatía, de emociones de sentimientos. Todo era un canto a la superficialidad, al egocentrismo, al gélido distanciamiento físico y emocional.

Cuando la besé no sentí nada.

Me encantó el estilo de Ellis. Estoy cansado de lamentos ingenuos sobre la maldad del mundo y las penurias de la adolescencia. Largas disertaciones sobre personas acomplejados que no saben ver lo que les rodea y cuya única satisfacción es autoconsolarse.

Ellis narra en presente lo que Clay ve. Por momentos sus ojos eran los míos, tan difíciles de cerrar ante las cosas que desfilaban frente a Clay. Ni un ápice de arrepentimiento, ni un mínimo de identificación personal.

Hay gente en EEUU que sí que habla de mi estilo, algunos para bien y otros para mal.

Lo que importa de la novela no es el que se cuenta en ella. En su época pudo escandalizar pero hoy en día estamos curados de todo espanto. Lo que la hace atemporal es su narración, su prosa, su estilo gélido y distante.

A la gente le da miedo mezclarse.

Punkis dorados de los valles de California. Así se puede describir a los personajes de la novela. Jóvenes ricos, atléticos, rubios, bronceados; casas con piscina, coches de lujo, fiestas interminables, conciertos todas las noches. Un libro muy de su tiempo, citando sin cesar a grupos de música (Talking Heads, Devo, Beach Boys, Elvis Costello, Fleetwood Mac, Psychedelic Furs, The Human league, que por cierto fueron al Festival de Benicassim), hablando sin parar de moda, de ropa, de centros de bronceado, de modelos, de actores famosos. Un torrente de información que refleja muy bien esa impaciencia adolescente, esa necesidad de verse reflejado en todo lo que destaque.

Aunque pueda parecer un libro vacuo, sin ninguna crítica a esas actitudes tan horrendas, aunque nadie reaccione ante tales vejaciones y aunque nadie derrame una lágrima, en mi caso sentí como propia la evolución de Clay. No quiero desvelar nada pero desde mi punto de vista Clay quiere salir de ese agujero. Su distanciamiento de Trent y el párrafo final unido a la contraposición de su actitud con la de Daniel, su amigo de la universidad me hacen ver que, aunque Clay sea uno más criado en ese páramo emocional, distingue levemente algo que le empuja a huir.

Desaparecer aquí.

Quizás Clay no sienta nada. Le han enseñado a no sentir apego por nada ni por nadie.

Clay se siente sólo. Clay lo tiene todo pero no tiene nada.

Nada que perder.

Song for Clay de Bloc Party

Letra de la canción.

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Me compré el libro el 17 de Octubre y me lo leí en menos de una semana. Poco después me lo volví a leer. Esta vez con Bloc Party de fondo: tumbado en mi cuarto, en el autobús…en cualquier sitio. Agradezco a Sontse que me lo recomendara y me descubriera ese mundo un poco gris. Y desde aquí le pido perdón por plagiarle el vídeo que puso en su LiveJournal. Mi pequeña venganza porque ella vio a Bloc Party en directo y se compró una camiseta: Live the dream like de 80′s never happened.

La próxima vez que la banda de Kele venga por aquí no me lo perderé. Aunque tenga que ir solo.

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Entrevista con Bret Easton Ellis en el diario El Mundo

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