Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘relatos’

¡Que contento estoy, mi segundo meme! 😀 Gracias Sandra por mandármelo… Allá vamos! 😉

Título: “Canibalismo selectivo entre parados estadounidenses“

Texto: 108 palabras.

– ¿Seguro que sabe por dónde va?

– Sí… claro…”

Aprieto mi puño con fuerza. El coche vibra intermitentemente ante los baches del camino. Se que miente. No logro comprender el porqué. Siento que ya he vivido esto antes. Respiro con fuerza, intento no perder el control. Me concentro en las pulsaciones de mi corazón, cada vez más intensas, más penetrantes.

– ¿Puede apagar la radio?

– …

Lo noto de nuevo. Vuelve a mi cabeza. Incesante. No se detiene.

-Perdone, ¿me escucha?

– Ustedes deberían darse cuenta de lo que están haciendo. Si hubiesen comprendido..

No le dejo terminar. Me lanzo sobre él. Asustado me mira con sus pequeños ojos. Ahora lo sé…

– El que envía el meme se lo podrá enviar a DOS personas.
– El texto será de 108 palabras (ni una más, ni una menos)
– El que envía el meme deberá hacerlo con el título de la redacción “Canibalismo…”.
– El que lo recibe no podrá volver enviarlo a alguien que ya lo haya recibido.
– El que lo recibe, deberá ceñir la temática de la redacción (de una manera libre) al título que le envían.
– El que lo recibe deberá iniciar su redacción a partir de la última frase del texto escrito por el remitente. En este caso doy a elegir “No le dejo terminar. Me lanzo sobre… etc”, la última frase o “Ahora lo se…” la última oración.
– Las palabras de la frase con la que iniciaréis el texto se dejarán fuera del cómputo global de las palabras.

Elijo a:

Adriwankenobi

Ohdiosa (Como ohdiosa ha cerrado el blog, eligo a Fri para que continúe el meme)

Fri (against the world)

Temas relacionados:

Cinco famosas a las que te tirarías sin mediar palabra

Anuncios

Read Full Post »

El niño gris vivía en una pequeña casita a las afueras de la ciudad. Tenía un pequeño jardín dónde cultivaba coliflores y berenjenas. Solía pasar la mayor parte del tiempo sentado en su mecedora, pensando si volvería a pintar de gris la valla que circundaba su casita. “Quizás no esté todavía lo suficientemente gris”, rumiaba.

El niño gris vivía sólo. Tiempo atrás a nadie se le hubiese pasado por la cabeza que el niño gris fuese un solitario: “Nunca lo ha sido y nunca lo será”, decían los ancianos al pasar. En cualquier momento tenía con quien hablar sobre la hierba, el color del cielo, o incluso sobre su nuevo paragüas amarillo. El niño gris era amable con todos, sonreía sin cesar y creía en la bondad del mundo, en la belleza de la naturaleza y en la esperanza del futuro.

Pero inesperadamente el niño gris perdió su color. Un buen día, por extraordinario que parezca, nadié habló con el niño gris. Pudo ser una coincidencia o una mala jugarreta del destino, pero fue entonces, cuando por primera vez en su vida necesitó desesperadamente hablar con alguien. Y no había nadie.

El niño gris se sintió extraño. Todo era nuevo para él. En la soledad silenciosa en la que se había sumergido comenzó a comprenderlo todo. Nadie había hablado nunca con él. Sólo se hablaban a ellos mismos. El niño gris comenzó a perder el color. No sólo el suyo propio sino el de todo lo que le rodeaba. Ahora lo veía todo sin maquillajes ni artificios circenses. Siempre había estado sólo.

Nunca nadie le había ayudado sin obtener nada a cambio. Todo lo que en su vida había hecho por los demás había sido producto de su generosidad, pero nadie nunca le había dado las gracias.
Todo el mundo notó el cambio del niño gris. “Que mal aspecto tienes” ,”pero que mala cara”, “¿has dormido mal?”, le repetían sin cesar… Alguien pudo haber salvado al niño gris. Haberle hablado sinceramente, mirándole a los ojos, sin fijarse en su color, con el corazón abierto. Sólo necesitaba comprensión, confianza, alguien que, y ahora de verdad le escuchase.

Pero nadie apareció.

El niño gris nada dijo a nadie. Todo comenzó a irle mal. Sun sonrisa se fue convirtiendo en lamento. Sus ojos se hincharon ante las lágrimas. Ya no sólo él lo veía todo gris sino que comenzó a odiar los colores. Quiso convertir todo y a todos en grises. Y por segunda vez nadie quiso ayudarlo.

Le dieron la espalda y le condenaron. Nadie volvió nunca más a mirarle a los ojos. Nadie quiso molestarse en extenderle la mano y decirle “no te preocupes, yo te ayudaré, entre los dos lo conseguiremos”.

El niño gris huyó de la ciudad y de sus engaños, a un lugar donde todo fuese gris y pudiese ver la realidad verdadera, sin colores que le distrajesen, que le susurrasen al oído vanas mentiras y le prometiesen falsas esperanzas.

Como cada mañana, desde hacía ya tanto tiempo, el niño gris se levantó de su mecedora, cogió un cubo y una brocha y empezó a pintar su valla.

Temas relacionados:

Anécdotas, historias y relatos

Read Full Post »